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Comida, género y pensamiento reptiliano

Publicado: 2015-06-10

Por Carlos Castillo Peralta.

«¡Yabba Dabba Doo! Pedro Picapiedra es columnista en diario Exitosa». Heduardo (https://goo.gl/POaHQ9).

Creo que nunca antes ha habido tanta preocupación por lo que comemos como hoy en día, y en parte está bien, pues una buena alimentación (la cual es voluntaria, consiente y educable) hará que las personas estén bien nutridas con buena salud, bienestar, desarrollo normal y una alta calidad de vida.

Y en ese sentido, muchos emprendedores del negocio de la comida seguramente estarán preocupados por caracterizar el perfil del consumidor y potencial cliente, lo cual también es válido.

Sin embargo, el artículo sobre «Género y comida» donde el impresentable Miguel Santillana (http://goo.gl/iCnkjr) trata sobre las preferencias y gustos de los comensales según el género, es digno de un troglodita. Definitivamente artículos como el referido son una prueba más de la degradación en que ha caído la prensa en nuestro país.

Citando algunos párrafos para evidenciar lo retrógrado del pensamiento del autor:

«El hombre goza más con la comida, no tiene peros al momento de ordenar. Las carnes (no solo la humana) son su debilidad».

Para el hombre no solo la «carne humana» es su debilidad..., es decir para este individuo la mujer es un simple trozo de carne sin cerebro que solo sirve para saciar el apetito sexual del hombre.

Pero si pensó que el párrafo anterior fue patético, espere a leer lo siguiente:

«Para el hombre, la alimentación es combustible para trabajar y producir para la familia. Para la mujer, la alimentación debe ser lo suficiente para no enfermarse, cumplir su rol de madre, esposa, profesional; y seguir siendo bellas para su pareja».

Es decir, para este individuo, mientras que la esfera del trabajo «productivo» es dominio de la masculinidad, el trabajo considerado «improductivo», en el hogar y no remunerado, es patrimonio de las mujeres. Así justifica que la mujer, en función de su rol de género, tiene que asumir «por naturaleza» las tareas de «madre» y «esposa», abnegadas y sacrificadas, y por si fuera poco debe mantenerse «bella» para su hombre, proyectando nuevamente la imagen de la mujer como objeto sexual.

Y aunque usted no lo crea, por lo increíblemente retrógrados y patéticos que parezcan los párrafos anteriores, aún hay más:

«Los hombres seguimos siendo los cazadores (por ello nuestro mejor sistema de orientación) y la mujer nos “espera en la cueva” criando a nuestros hijos».

¿Es en serio? Los hombres «cazadores», «mejor sistema de orientación»… La mujer nos «espera en la cueva»… En la mentalidad del autor, que parece no haber evolucionado «en 10 mil años de Homo sapiens», el hombre es de la calle, la mujer es de la casa.

A modo de conclusión, o el «cableado» del cerebro de este individuo hizo cortocircuito y ya quemó, o es un redomado machista. Sin embargo, en ambos casos mensajes como los que transmite este «analista a sueldo de las mineras» y ahora «opinólogo profesional» podrían ser nefastos, sobretodo en un país donde prevalece una cultura fuertemente patriarcal, donde las mujeres y sus derechos, han sido tradicionalmente vulnerados, y donde el Estado y la sociedad avalan la violencia de género.


Escrito por

Carlos Castillo Peralta

Soy ingeniero, con Diploma de Posgrado en Gestión Pública. Capacitador y consultor en temas de Gestión Pública y Comunicación Política.


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DIVAGANDO

Una reflexión crítica sobre política y otros temas...